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| El cartel tiene el poder de mercado como para mantener los precios del crudo por debajo de los costos de producción de shale norteamericano y así restringir la competencia. Sin embargo, los bajos precios comprometen la delicada situación fiscal de la mayoría de los países miembros de esa organización. |
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Entre 2005 y 2014, el precio promedio de un barril de petróleo superó siempre los 60 dólares, nivel significativamente disociado de los costos de extracción del hidrocarburo en su forma convencional. Los años de máximo esplendor fueron 2011 y 2012, con un barril que marcó un promedio anual de 111 dólares para la cotización de referencia Brent.
Tal como explica Eliana Miranda, de Fundación Mediterránea, la elevada rentabilidad de cada barril extraído encuentra su explicación en la estructura del mercado: los países reunidos en la OPEP funcionan como un cartel, la enorme cantidad de reservas de hidrocarburos y los bajos costos de producción le otorgaron, hasta la llegada del boom del shale, la posibilidad de fijar precios muy por encima del costo marginal y ajustar la producción a los vaivenes del consumo global, cuidando que la oferta no superara la demanda, protegiendo de esa manera la elevada rentabilidad.
El elevado nivel de precios viabilizó nuevas formas de extracción. El barril por encima de 100dólares introdujo competencia a un mercado con características oligopólicas, al permitir rentabilidad para las nuevas formas de producción que nacían con elevados costos de producción.
La producción norteamericana de crudo creció un 72% entre 2008 y 2014. Marcando una tasa de crecimiento anual acumulativa de 9,4%, frente a una tasa del 1,1% verificada por la producción mundial, Estados Unidos ganó market share, pasando de 8% de la producción mundial en 2008 a 13% en 2014. Como resultado, ese año, Estados Unidos le robó la punta a Arabia Saudita como mayor productor global.
Con el agregado de que Estados Unidos, que comenzaba a autoabastecerse era, hasta ese entonces, uno de los principales mercados de destino para los derivados de petróleo que exportaba Arabia Saudita. Así fue como el petróleo por encima de los 100 dólares generó un caldo de cultivo para el desarrollo de nuevas tecnologías, introduciendo competencia en el mercado.
"Los 70 dólares por barril registrados en noviembre de 2014 parecen haber marcado un punto de inflexión para parte de la producción de crudo norteamericana, con equipos de perforación que arrancaron un mes después una carrera descendente desde un pico de 1600 equipos en actividad, que en menos de 2 meses descendían a 1000", dice Miranda.
Con los precios actuales, en torno a los 30 dólares, la cantidad de equipos en actividad araña las 440 unidades. En el primer semestre de 2015, se comenzó a vislumbrar que la política de Arabia Saudita apuntaba a sacar del mercado a los competidores menos eficientes.
Esa política de seguir bombeando, la reacción más lenta de lo esperado en la caída de la producciónnorteamericana, junto con una demanda más moderada de la mano de la desaceleración China, explican la abrupta caída en el nivel de precios.
La caída se ha reforzado como consecuencia de un factor adicional: el levantamiento de las sanciones comerciales a Irán, que contribuye a explicar por qué el barril de petróleo hoy supera tibiamente los 30 dólares. Con la caída de los precios del barril por debajo de 50/55 dólares, que se estima como costo de extracción del shale en Estados Unidos, la OPEP logró restringir la oferta norteamericana, pero la incorporación de Irán al mercado introdujo un nuevo competidor que, a diferencia de Estados Unidos, extrae petróleo a muy bajo costo.
Hasta el momento, se prevé que la producción iraní aumente en torno a los 500 mil barriles diarios en 2016. Para colocar su producción ha salido con una estrategia ofensiva, ofreciendo precios con descuento, por debajo de sus competidores, y ha conseguido enviar los primeros cargamentos a Europa.
Arabia Saudita, que a pesar de las continuas presiones a la baja sobre los precios se mantuvo firme en no recortar producción con el objetivo de no seguir perdiendo market share, parece haber comenzado a internalizar que Irán llegó para quedarse: esta semana, 4 de los grandes países productores, Arabia Saudita, Qatar, Venezuela y Rusia, acordaron congelar su producción en los niveles de enero de este año. La propuesta está sujeta a la adhesión del resto de los miembros de la OPEP, de lo que podría exceptuarse a Irán.
De concretarse, un acuerdo de estas características le pondría un piso al precio. En el mediano plazo, una vez que se incorpore la oferta iraní, se llegará a un nuevo equilibrio. El interrogante sigue siendo en torno a qué nivel. Este nuevo escenario de precios deprimidos está dejando en el camino una cantidad enorme de proyectos que se planearon y financiaron bajo la premisa de que los 100 dólares por barril durarían largo rato.
La magnitud de la caída en el precio del barril, desde 112 dólares promedio en junio de 2014 hasta un promedio de 32 dólares en lo que va de 2016, genera una situación inédita, en la que la reducción de costos y el mayor ingreso disponible para los hogares que se dan como consecuencia del petróleo barato, son eclipsados por los riesgos deflacionarios y los problemas de cobrabilidad que empiezan a enfrentar las instituciones financieras que financiaron esos proyectos, con riesgo de contagio sobre la economía global a través del deterioro de los mercados de capitales.
En el nivel de precios actual, Estados Unidos ocupa un rol de competidor potencial. Con un precio del barril que deje rentabilidad positiva para el shale norteamericano, el funcionamiento del mercado cambiaría. Recordar que, a diferencia de los grandes productores mundiales, la producción en Estados Unidos se da de manera descentralizada, los propietarios de las tierras también son propietarios del subsuelo y la producción responde a las señales de precios.
"También hay que tener en cuenta que el costo de extracción no es un dato estático, sino que ha ido descendiendo en el tiempo gracias a los avances tecnológicos y las ganancias de productividad", advierte Miranda.
Con un precio que viabilice una rentabilidad positiva, Estados Unidos pasaría a ocupar el lugar que hasta ahora ocupó Arabia Saudita: subiendo la producción ante aumentos de demanda, recortando la producción ante un menor consumo global, siempre respondiendo a las señales de precios. Como ventaja, el shale enfrenta un menor costo de recortar y restablecer producción cuando se compara con la modalidad convencional.
Esto deja una lección para países como Argentina, que tiene recursos no convencionales en su subsuelo: si el país aspira a avanzar en este tipo de producción, no podrá evitar la referencia de Estados Unidos en cuanto a la organización de la producción y niveles de productividad.
Una hipótesis es que se esté configurando una nueva banda para los precios del barril de petróleo, quizá entre 50 y 70 dólares. A 70 dólares, algunos de los países miembros de la OPEP lograrían equilibrar sus presupuestos, o por lo menos quedarían en una posición menos apremiante que la actual.
Pero ese precio posiblemente sea demasiado elevado, dada la flexibilidad de la oferta no convencional. Con un precio más cerca de los 50 dólares pueden quedar afuera los menos eficientes, y eso puede ser suficiente para restringir la oferta. El interrogante es qué pesará más: la situación política apremiante que están viviendo varios países de la OPEP, con un nivel de gasto público acorde a un barril de petróleo que en la mayoría de los casos supera los 70 dólares, o restringir la competencia norteamericana. El poder de la OPEP pasa así a estar condicionado por estos dos factores.
El interrogante es si las diferentes situaciones que se dan al interior de cada uno de los países que conforma el cartel permitirá que lleguen a una acción coordinada. Con un barril volviendo a los niveles observados hasta 2014 saldrían a la luz además otros competidores potenciales, quienes poseen, al igual que Estados Unidos, recursos no convencionales.
La abundancia de los no convencionales no deja lugar a duda de que en el futuro podrá atenderse cualquier aumento potencial de demanda, aunque para extraer esos recursos se necesita un precio más alto que el actual.
No hay que olvidar los yacimientos maduros que van saliendo de producción. El nivel de precios tendrá un rol clave en determinar quién será el oferente de la mayor demanda.
"Lo que es claro es que ante un eventual shock positivo de la demanda, la OPEP ya no puede subir el precio en forma indiscriminada y apropiarse de toda la renta extraordinaria. Con los nuevos descubrimientos se desplaza el centro de gravedad, y el petróleo ve cuestionado su rol dominante", apunta la econimista.
El mundo es cada vez más consciente del impacto ambiental del uso del hidrocarburo, y los avances tecnológicos viabilizan menores costos de producción de energía a través de fuentes alternativas. El descenso en los costos de la transformación del gas natural en LNG, y también en los costos de su transporte, viabilizan cada vez más la sustitución de petróleo por gas, que es una fuente menos contaminante. En este nuevo contexto, el regreso del petróleo a los tres dígitos parece sólo posible como respuesta a un shock puntual, más que como un nuevo nivel de equilibrio a mantenerse en forma sostenida.