El republicano ganó gran parte del caudal de votos apelando a un discurso anti importaciones. Los productos de China y México están su mira. Pero expertos advierten que los bienes nacionales también se verían impactados. Los sectores que están en riesgo tras el batacazo del magnate.
La sorpresiva llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, sacándole varios cuerpos de ventaja a Hillary Clinton, hacía presagiar un fuerte movimiento en los mercados internacionales. Sin embargo, al menos por el momento, lo que se veía venir como un peligroso “terremoto”, terminó siendo un temblor, que no alcanzó a dejar grietas visibles en el mercado financiero. Su primer discurso como presidente electo, para los expertos, alcanzó para acotar la histeria generada apenas se cerró el recuento de votos. Las palabras elogiosas hacia su rival, el llamado a volver a unir al pueblo estadounidense y el mensaje algo conciliador hacia el resto del mundo (“Nos llevaremos bien con los países que quieran llevarse bien con nosotros", dijo) llevaron cierta tranquilidad. Claro que todavía es muy pronto para sacar conclusiones: cualquier gesto, palabra o medida que incomode, podría impactar y traducirse automáticamente en una fuerte volatilidad de los mercados a nivel global. Donde todavía tiene todas sus cartas por mostrar es en el campo del comercio exterior, uno de los ejes más importantes de su campaña. Durante el último año, cuando era candidato, Trump instaló ideas como que los mexicanos le robaban el trabajo a los estadounidenses con sus exportaciones; que las empresas tecnológicas como Apple no invertían en los Estados Unidos por bajar costos y llevarse empleos a China o que la globalización y los acuerdos bilaterales eran una problema para la economía nortamericana. En esta dirección, durante sus encendidos discursos, llegó a amenazar a las compañías con obligarlas a producir en EE.UU. y también adelantó que entre sus planes figuraba la posibilidad de gravar los productos del exterior con aranceles. Enrique Mantilla, presidente de la Cámara de Exportadores (CERA) señala que “si bien Trump, en lo que respecta a la política comercial, no tiene una propuesta formal y escrita, en varios de sus discursos ha mostrado sus intenciones, entre las que se destaca la ruptura de los acuerdos comerciales existentes firmados por EE.UU.”. “Su visión está vinculada con los efectos de la globalización en los empleos y su impacto negativo en la desigualdad social y económica. Sin embargo, paradójicamente, el remedio sería peor que la enfermedad”, advierte el directivo, quien advierte que, de ahora, en más se podrán ver fricciones en el mundo por un mayor proteccionismo estadounidense. Para la Argentina, significó un giro de 180º respecto del escenario que se planteaba si Hillary Clinton hubiese llegado al poder. Más allá de la mayor afinidad política, la ahora ex candidata demócrata era la garante de la continuidad de la gestión de Barack Obama, con quien el macrismo había tendido innumerables “puentes comerciales”, los cuales están a un paso de ser “cortados”. “La región no va a ser una prioridad para Estados Unidos. No hay amenazas urgentes ni desafíos significativos en la región que capturen la atención de EE.UU. y en esto la Argentina entra en las generalidades de la ley”, apunta Dante Sica, director de la consultora Abeceb. Según Miguel Ponce, ex subsecretario de Industria, “hay que olvidarse de que prospere la gran cantidad de acuerdos que se firmaron” entre el Gobierno de Macri y la gestión Obama, los cuales debían entrar en vigencia en 2017. Entre ellos, el experto menciona: -El pacto con la agencia oficial Small Business Administration, para la creación de 24 centros en diferentes provincias, que tendrían como objetivo el apoyo para la internacionalización de Pymes argentinas. -La reapertura de una oficina de la Agencia de Comercio y Desarrollo de los Estados Unidos en Buenos Aires y que, según el Ministerio de Producción, permitiría “incentivar inversiones entre ambas naciones”. -La creación de un foro estratégico Estados Unidos-Argentina, una iniciativa público-privada que tendrá como foco mejorar y monitorear la evolución de la relación bilateral. -La inclusión en el selecto grupo de países beneficiados por el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP), un régimen que permite a determinadas naciones exportar productos al mercado estadounidense con bajos aranceles. La Argentina formaba parte del SGP pero fue expulsada en 2012, en medio de las rispideces entre la Obama y Cristina Kirchner. El "Made in Argentina", bajo la mira Según un relevamiento de la consultora Abeceb, la participación de los EE.UU. en el comercio exterior de la Argentina ha venido cayendo en forma sistemática, especialmente a medida que la economía doméstica se vio afectada por la pérdida de competitividad y conforme la administración kirchnerista optó por el “cerrojo” aduanero para evitar la salida de dólares. Según la consultora, en 2006 los envíos de productos argentinos a ese país llegaron a representar el 11% del total. A partir de allí se produjo una marcada declinación, hasta que el año pasado equivalieron a tan sólo el 6%. Sin embargo, con la reorientación impulsada desde el Gobierno de Macri y la importancia que cobraron las exportaciones de biodiesel –que se convirtió en el principal bien colocado en ese mercado-, el share de los EE.UU. como destino subió casi 1,5 puntos.
Iprofesional.com
La sorpresiva llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, sacándole varios cuerpos de ventaja a Hillary Clinton, hacía presagiar un fuerte movimiento en los mercados internacionales. Sin embargo, al menos por el momento, lo que se veía venir como un peligroso “terremoto”, terminó siendo un temblor, que no alcanzó a dejar grietas visibles en el mercado financiero. Su primer discurso como presidente electo, para los expertos, alcanzó para acotar la histeria generada apenas se cerró el recuento de votos. Las palabras elogiosas hacia su rival, el llamado a volver a unir al pueblo estadounidense y el mensaje algo conciliador hacia el resto del mundo (“Nos llevaremos bien con los países que quieran llevarse bien con nosotros", dijo) llevaron cierta tranquilidad. Claro que todavía es muy pronto para sacar conclusiones: cualquier gesto, palabra o medida que incomode, podría impactar y traducirse automáticamente en una fuerte volatilidad de los mercados a nivel global. Donde todavía tiene todas sus cartas por mostrar es en el campo del comercio exterior, uno de los ejes más importantes de su campaña. Durante el último año, cuando era candidato, Trump instaló ideas como que los mexicanos le robaban el trabajo a los estadounidenses con sus exportaciones; que las empresas tecnológicas como Apple no invertían en los Estados Unidos por bajar costos y llevarse empleos a China o que la globalización y los acuerdos bilaterales eran una problema para la economía nortamericana. En esta dirección, durante sus encendidos discursos, llegó a amenazar a las compañías con obligarlas a producir en EE.UU. y también adelantó que entre sus planes figuraba la posibilidad de gravar los productos del exterior con aranceles. Enrique Mantilla, presidente de la Cámara de Exportadores (CERA) señala que “si bien Trump, en lo que respecta a la política comercial, no tiene una propuesta formal y escrita, en varios de sus discursos ha mostrado sus intenciones, entre las que se destaca la ruptura de los acuerdos comerciales existentes firmados por EE.UU.”. “Su visión está vinculada con los efectos de la globalización en los empleos y su impacto negativo en la desigualdad social y económica. Sin embargo, paradójicamente, el remedio sería peor que la enfermedad”, advierte el directivo, quien advierte que, de ahora, en más se podrán ver fricciones en el mundo por un mayor proteccionismo estadounidense. Para la Argentina, significó un giro de 180º respecto del escenario que se planteaba si Hillary Clinton hubiese llegado al poder. Más allá de la mayor afinidad política, la ahora ex candidata demócrata era la garante de la continuidad de la gestión de Barack Obama, con quien el macrismo había tendido innumerables “puentes comerciales”, los cuales están a un paso de ser “cortados”. “La región no va a ser una prioridad para Estados Unidos. No hay amenazas urgentes ni desafíos significativos en la región que capturen la atención de EE.UU. y en esto la Argentina entra en las generalidades de la ley”, apunta Dante Sica, director de la consultora Abeceb. Según Miguel Ponce, ex subsecretario de Industria, “hay que olvidarse de que prospere la gran cantidad de acuerdos que se firmaron” entre el Gobierno de Macri y la gestión Obama, los cuales debían entrar en vigencia en 2017. Entre ellos, el experto menciona: -El pacto con la agencia oficial Small Business Administration, para la creación de 24 centros en diferentes provincias, que tendrían como objetivo el apoyo para la internacionalización de Pymes argentinas. -La reapertura de una oficina de la Agencia de Comercio y Desarrollo de los Estados Unidos en Buenos Aires y que, según el Ministerio de Producción, permitiría “incentivar inversiones entre ambas naciones”. -La creación de un foro estratégico Estados Unidos-Argentina, una iniciativa público-privada que tendrá como foco mejorar y monitorear la evolución de la relación bilateral. -La inclusión en el selecto grupo de países beneficiados por el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP), un régimen que permite a determinadas naciones exportar productos al mercado estadounidense con bajos aranceles. La Argentina formaba parte del SGP pero fue expulsada en 2012, en medio de las rispideces entre la Obama y Cristina Kirchner. El "Made in Argentina", bajo la mira Según un relevamiento de la consultora Abeceb, la participación de los EE.UU. en el comercio exterior de la Argentina ha venido cayendo en forma sistemática, especialmente a medida que la economía doméstica se vio afectada por la pérdida de competitividad y conforme la administración kirchnerista optó por el “cerrojo” aduanero para evitar la salida de dólares. Según la consultora, en 2006 los envíos de productos argentinos a ese país llegaron a representar el 11% del total. A partir de allí se produjo una marcada declinación, hasta que el año pasado equivalieron a tan sólo el 6%. Sin embargo, con la reorientación impulsada desde el Gobierno de Macri y la importancia que cobraron las exportaciones de biodiesel –que se convirtió en el principal bien colocado en ese mercado-, el share de los EE.UU. como destino subió casi 1,5 puntos.
Iprofesional.com