"Nadie resiste un archivo". Es la frase que suele repetirse en el ámbito político en estos tiempos en los que todas las promesas y opiniones quedan registradas y guardadas, listas para salir a la luz ante la primera contradicción. De ese escrutinio no se salva ni Mauricio Macri. O, mejor dicho, sobre todo Mauricio Macri, que a los seis meses de haber asumido ya empieza a ser evaluado en términos de cuál fue el porcentaje de promesas de campaña cumplidas e incumplidas en su breve gestión. La evaluación, por lo general, está teñida por la simpatía o antipatía del observador. Es por eso que, mientras en algunos medios se escuchan voces irritadas sobre las "mentiras", otros justifican todo con el argumento de la "pesada herencia". La verdad, como siempre, se ubica en un punto intermedio y deja al descubierto luces y sombras, aciertos y errores. Macri asumió con la promesa de “reinsertar al país” en el mundo, luchar contra la pobreza, la inflación y el narcotráfico, cerrar la "brecha" y mejorar el acceso a la información pública. Sus primeros días, a puro vértigo, demostraron que se avanzó con el plan de eliminar retenciones a la exportación del agro y la minería, así como también con el levantamiento del cepo cambiario. La agenda internacional también tuvo objetivos cumplidos, con dos puntos altos. Uno de contenido simbólico, como la visita del presidente Barack Obama y otro, de características bien concretas, como el acuerdo con los "buitres" y el consecuente fin del default. Otros objetivos avanzan más lentamente exhiben resultados todavía insuficientes, como la reactivación de la economía y la lucha contra la inflación. Otros se inscriben en el "debe", como el incumplido alivio en el impuesto a las Ganancias, dado que la medida de elevacion del "piso" del tributo resultó tener un impacto muy inferior al anunciado en el "marketinero" acto oficial. En definitiva, hubo buenas y malas. Como insinuó el mismo Presidente al celebrar el primer semestre desde su asunción.
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